Por ahí, en alguna ocasión de ocio y completo desperdicio de materia gris en un sábado por la noche, me dispuse a jotear en línea, terminando por entrar a un blog de una conocida página de encuentros homosexuales; ya entrado en calor, tuve el atrevimiento de poner un comentario de mi muy particular punto de vista respecto al tema del post, invocando casi por arte de magia el comentario por demás a la defensiva y fuera de lugar de un enardecido jotolón, que decía algo así:
El ser gay. no tiene nada que ver con la adopción de roles femeninos, significa algo más, es algo completamente nuevo.
Atónito por la reverenda pendejada de aquélla altiva y pseudo orgullosa representante del gremio, hice lo que cualquier otro puto hubiera hecho: arremetí con comentarios llenos de desdén y odio, haciendo pedazos su mediocre habilidad de redacción, pésima ortografía pero sobre todo la nefasta falta de tolerancia y originalidad de su comentario (obviamente no reproduje las faltas ortográficas, ni el estilo precario de la oración original).
Antes de continuar, me permitiré elaborar acerca de los motivos de mi arranque de ira: la realidad es que ser gay, homosexual, joto, puñal o como le quieran llamar no tiene nada de nuevo u original, al final del día son hombres relacionándose con otros hombres en ámbitos románticos y sexuales; la homosexualidad siempre ha formado parte de nuestra historia y está en todas partes, inclusive en la naturaleza.
Ahora bien, si bien es cierto que el ser gay, no tiene nada del otro mundo, sí existe una sociedad formada a imagen y semejanza de la institución heterosexual, con fundamento meramente biológico y por tanto, se ha confinado a las jotangas a la otredad, a la marginación y desprecio, creando instituciones sombra y una subcultura tan elitista como el mismo KKK. Así es, nuestro gremio ha sufrido la indignación y el repudio de las "buenas costumbres" y la "normalidad", obligándonos a ir evolucionando, educando, creando consciencia y abogando por la tolerancia, hasta ganar un pedácito digno en el haber social del día de hoy.
En el punto anterior radica el segundo motivo de mi irácundo proceder, siendo una verdadera paradoja: por una parte pregonamos la tolerancia, el respeto y la diversidad, pero al mismo tiempo, nos ofende que asuman que tomamos roles femeninos, nos llamamos "pasivas" de manera despectiva y pareciera que repudiamos el axioma de nuestra comunidad.
Todo lo anterior me llevó a una conclusión: ser JOTO es demasiado complicado: la subcultura, las relaciones, los bares, el ambiente, la protección, la dinámica, etc, etc. y lamentablemente nadie nos enseña a ser un jota de bien (no existe educación sexual al respecto y estoy casi seguro que ningun padre le dice a su hijo "venga hijo, le voy a enseñar a ser Jotito".
Muchos de nosotros corremos con la extraordinaria suerte de toparnos con un excelente amigo, más experimentado y que nos brinde guía en el mundo del "joterismo"; sin embargo, no todos tenemos esa fortuna. Por lo cual, he decidido tomarme la extraordinaria tarea de escribir el primer manual del homosexual: una guía práctica para ser una jota de provecho.